Claro, la cascada estaba cerrada. Nadie pudo remojar los pies y los soldados habían seguido su acantilado. De repente una hoja en forma de dedal se cruzó por el camino y generó la batida. Los árboles recogieron rápidamente sus raíces y se echaron a correr "¡queremos cemento, queremos cemento!"
Uf! por fin llegaron a la catedral de piedra y sábana. No pudieron entrar ni por el rosetón, así que, con el mosquetón que guardaban bajo la rama, empezaron a escalar, calando poco a poco, hasta llegar al campanario. Hicieron campamento, de verano y de sardinas y a las 12 del mediodía el curandero malhumorado les silbó un arpegio. Arpas y zarpas que la manada de árboles bajaron estilo bombero hasta llegar a la cripta. Grito y cerrojo. Cerraron los ojos, en colectivo y muy disimuladamente, una rama se quedó entornando la puerta.
Bajaron los ventanales para saber qué pasaba, esa luz que se filtraba en el suelo no podía explicar ni un sólo centímetro de baldosa. Hubo un diálogo cordial, un absoluto diálogo democrático. Los árboles asumieron con su tronco su debilidad por el metraquilato y el hormigón, y los ventanales insistieron con su postura de ventana cerrada, que no podían derrochar más luz. Estamos al límite! nuestros cristales se fundirán, la transparencia es cara- decían unos, decían otros- las maderas macizas entendían su postura pero las más rojizas se pusieron moradas. Serias y con voz de interfono: Lo sentimos. Pero tendremos que hacer el baile del palo.
Los ventanales que algunos ya conocían la leyenda, proyectaron chisquidos, otros se asombraron y se dirigieron a la sombra más cercana. pac pac pac pac pac . el baile del palo no ha hecho más que empezar. pac pac pac pac. Y el PAC se convirtió en un POC de resonancia magnificada, y el POC de resonancia magnificada se convirtió en un PUM de estrecho remordimiento y el PUM de estrecho remordimiento encadenó el estallido de los ventanales, y el estallido de los ventanales no hizo más, que talar los árboles.