- Vaya acantilado tienes de barbilla.
- Sí, hay palabras que se desbordan y se caen al vacío. Las que terminan en o suelen deslizarse hasta la servilleta y las que acaban con i suelen aguantar un poco en el aire, hacen un iiiii con un hilo de voz, tono menor y se disuelven en el mantel.
- Vaya, ¿y no las rescatas? ¿no has pensado en una recolecta? Creo que sería justo. O un cartel informativo, para aquel que disfrute recogiendo. Seguro que alguien con paciencia y definición de mano puede conseguir reseguir tus palabras y devolverlas al contexto.
- A veces pienso que si ellas prefieren no ser pronunciadas, yo como vocal y responsable emisor, las debo respetar. Supongo que ellas deciden. Unas dicen un sí rotundo a la presencia de conversa, buscan la atención y traspasan los ojos de los demás. Y otras, ya sólo su fonema las derrite y se van por la esquina, a modo de pluma y de sonámbulo.
- Y no crees que ¿éso te pasa a tí?¿ y no a tus palabras? Por ahora, me ha parecido una excusa camuflada. Cuando no te quieres ver, ahí está el acantilado. Cuando quieres resituar y exponer, abres las manos y una montaña sugieres.