[...] Eso siempre me ha fascinado porque es una metáfora creo que muy bonita de la sociedad. Una letra sola no es nada, pero la asociación con otras puede crear palabras, y palabras con palabras, textos, y textos, cultura... Y de lo pequeño vamos a lo general, como una sociedad. Una perso-na sola parece nada, pero en asociación con otra hace una familia, y una familia hace un barrio, un barrio hace una ciudad. Eso me lo han enseñado los poetas, o leyendo una
página. Desgraciadamente, una página tiene una frontalidad brutal. Parece que todas las palabras estén a punto de ser fusiladas contra una pared blanca. Pero, si lo piensas, descubres que las palabras tienen espalda, y que tienen un volumen físico. Cogen una especie de volumen que ocupa el espacio, no con un aspecto físico, sino con su energía. Yo lo descubrí con Rabelais. Estaba preparando la exposición en el Jeu de Paume y el director, viendo las obras, me decía: “¿Conoces a Rabelais?”. Y dijo: “Me suena...”. Y me regalóGargantua y Pantagruel . Es emocionante, porque Pantagruel está en el barco navegando con sus marineros y de repente empiezan a oírpalabras inconexas y se dan cuenta de que es un día que hace calor y que hay muchas palabras que habían quedado congeladas en el aire y que empiezan a gotear con sonidos inconexos y caen sobre la cubierta del barco como si fueran piedras preciosas. Y los marineros le dicen: “Pantagruel, véndeme las piedras, los zafiros, los diamantes, véndeme las palabras”. Y Pantagruel les dice: “No, no, no, no, no, eso ya lo hacen los abogados, yo os venderé silencio y más caro”.
Jaume Plensa en La Vanguardia